Una cartera de inversión puede estar bien diversificada, tener unos costes razonables y estar correctamente adaptada al perfil de riesgo del inversor. Y, aun así, eso no significa necesariamente que exista una buena estrategia patrimonial.
La diferencia es importante.
Una cartera es una pieza del patrimonio. No es el patrimonio.
La gestión patrimonial parte de una visión más amplia: analiza cómo encajan las inversiones con la liquidez, los inmuebles, la empresa, la fiscalidad, las necesidades de la familia y la planificación sucesoria.
Porque gestionar bien un patrimonio no consiste únicamente en preguntarse dónde invertir, sino también por qué, para qué, con qué riesgo y cómo encaja cada decisión dentro del conjunto.
¿Qué es la gestión patrimonial?
La gestión patrimonial es el proceso de analizar, estructurar y coordinar los diferentes activos, necesidades y objetivos económicos de una persona o familia desde una perspectiva global y de largo plazo.
A diferencia de la gestión de una cartera de inversión, no se centra exclusivamente en los activos financieros.
Puede incluir, entre otros elementos:
- inversiones financieras;
- liquidez;
- patrimonio inmobiliario;
- participaciones empresariales;
- estructura fiscal;
- necesidades personales y familiares;
- planificación de la jubilación;
- protección patrimonial;
- planificación sucesoria.
El objetivo no es acumular productos o inversiones de forma independiente, sino conseguir que las distintas piezas del patrimonio respondan a una estrategia coherente.
Gestionar una cartera no es lo mismo que gestionar un patrimonio
Al analizar una cartera de inversión, normalmente estudiamos cuestiones como la distribución de activos, el nivel de riesgo, la diversificación, los costes, la liquidez o las expectativas de rentabilidad.
Son factores esenciales. Pero solo explican una parte de la situación patrimonial.
Imaginemos, por ejemplo, a un empresario con una cartera financiera bien diversificada.
Una parte importante de su patrimonio puede estar concentrada en su propia empresa. También puede tener varios inmuebles, inversiones distribuidas entre diferentes entidades financieras y unas necesidades de liquidez determinadas por su situación familiar.
Analizar únicamente la cartera financiera dejaría fuera una parte esencial del riesgo y de la realidad económica de esa persona.
La pregunta deja entonces de ser simplemente:
“¿Cómo está invertida mi cartera?”
Y pasa a ser:
“¿Cómo está estructurado mi patrimonio?”
Este cambio de perspectiva es la base de una gestión patrimonial global.
Las cinco piezas que conviene analizar conjuntamente
1. Inversiones
Las inversiones deben responder a los objetivos del patrimonio.
No se trata simplemente de seleccionar buenos fondos, acciones, bonos u otros activos, sino de determinar qué función debe cumplir cada inversión dentro de la estrategia general.
Una cartera destinada a preservar capital no debería estructurarse igual que una diseñada para generar rentas o hacer crecer el patrimonio a largo plazo.
Primero se entiende el objetivo. Después se construye la cartera.
2. Liquidez
Tener todo el patrimonio invertido puede ser tan poco eficiente como mantener demasiado capital sin invertir.
La liquidez debe responder a necesidades concretas: gastos familiares, proyectos futuros, compromisos empresariales, oportunidades de inversión o posibles imprevistos.
Una estrategia patrimonial adecuada debe determinar cuánta liquidez necesita realmente la familia y para qué.
3. Empresa y patrimonio inmobiliario
Para muchos empresarios, su empresa representa una parte muy significativa del patrimonio total.
Esto puede generar concentración de riesgo.
Si gran parte del patrimonio depende de la misma actividad empresarial, las inversiones financieras pueden desempeñar un papel importante en la diversificación global.
Algo similar ocurre con los inmuebles.
Analizarlos por separado de las inversiones financieras puede ofrecer una imagen incompleta del patrimonio y del riesgo realmente asumido.
4. Fiscalidad
Las decisiones de inversión tienen consecuencias fiscales.
Por eso, la fiscalidad no debería analizarse únicamente después de tomar una decisión, sino formar parte de la planificación patrimonial.
El objetivo no es que los impuestos determinen todas las decisiones de inversión, sino evitar tomar decisiones sin entender su impacto fiscal.
La coordinación entre el asesoramiento financiero, fiscal y jurídico cobra especial importancia a medida que aumenta la complejidad patrimonial.
5. Sucesión y necesidades familiares
Un patrimonio no solo debe gestionarse durante la vida de quien lo ha construido.
También conviene plantearse qué ocurrirá en el futuro.
¿Cómo se transmitirá?
¿Existe una empresa familiar?
¿Hay distintos herederos con necesidades o circunstancias diferentes?
¿Existe suficiente liquidez para afrontar determinadas obligaciones?
La planificación sucesoria permite anticipar estas cuestiones y evitar que decisiones importantes tengan que tomarse cuando ya existe una urgencia.
El problema de tener el patrimonio repartido entre varios bancos
Es habitual que, con el paso de los años, una familia termine trabajando con diferentes entidades financieras.
Un banco gestiona una cartera. Otro ofrece determinados fondos. Una tercera entidad custodia otra parte del patrimonio.
Individualmente, cada cartera puede tener sentido.
Pero surge una pregunta importante:
¿Quién está mirando el conjunto?
Sin una visión consolidada pueden aparecer duplicidades, concentraciones de riesgo, estrategias contradictorias o niveles de liquidez que no responden a las necesidades reales.
Tener varios bancos no significa necesariamente estar diversificado.
La diversificación debe analizarse sobre el patrimonio consolidado, no sobre cada entidad por separado.
De seleccionar productos a construir una estrategia patrimonial
Una buena gestión patrimonial no debería empezar preguntando:
“¿Qué producto debemos contratar?”
Debería comenzar con preguntas diferentes:
- ¿Cuál es el patrimonio total?
- ¿Cómo está distribuido?
- ¿Qué riesgos existen?
- ¿Qué liquidez es necesaria?
- ¿Qué objetivos tiene la familia?
- ¿Qué papel juega la empresa dentro del patrimonio?
- ¿Qué decisiones pueden llegar durante los próximos años?
- ¿Cómo está planificada la sucesión?
Solo después de comprender estas cuestiones tiene sentido determinar qué inversiones son adecuadas.
Esta diferencia resulta especialmente relevante en el asesoramiento patrimonial independiente: primero se analiza al cliente y su patrimonio; después, las posibles soluciones.
¿Cuándo tiene sentido plantearse una gestión patrimonial global?
No existe una cifra única de patrimonio a partir de la cual sea necesario adoptar este enfoque.
La complejidad suele ser más importante que el volumen.
Puede resultar especialmente útil cuando existen varias entidades financieras, un patrimonio inmobiliario relevante, participaciones empresariales, necesidades familiares complejas, decisiones sucesorias o una estructura patrimonial construida durante muchos años sin una coordinación global.
En estas situaciones, el problema no siempre es la falta de inversiones.
A menudo es la falta de una estructura común.
Poner orden antes de buscar más rentabilidad
Cuando se revisa un patrimonio, es natural centrarse en la rentabilidad.
Pero antes de preguntarse si una inversión podría rendir más, puede ser útil plantearse cuestiones más básicas:
- ¿Entiendo exactamente lo que tengo?
- ¿Sé qué riesgo estoy asumiendo globalmente?
- ¿Mis inversiones responden a mis objetivos?
- ¿Tengo la liquidez adecuada?
- ¿Las distintas entidades con las que trabajo siguen una estrategia coherente?
- ¿Mi empresa, mis inmuebles y mis inversiones se están analizando conjuntamente?
Una estrategia patrimonial comienza precisamente aquí: obteniendo una fotografía completa y poniendo orden antes de tomar nuevas decisiones.
Una cartera es una pieza del patrimonio. No es el patrimonio.
Puedes tener buenos productos.
Puedes trabajar con buenos gestores.
Puedes tener varias entidades financieras.
Puedes disponer de una cartera correctamente diversificada.
Y, aun así, no tener una estrategia patrimonial.
La gestión patrimonial consiste en pasar de ver activos independientes a entender el patrimonio como un conjunto.
Inversiones, liquidez, inmuebles, empresa, fiscalidad, familia y sucesión forman parte de una misma realidad.
Cuando todas estas piezas se analizan conjuntamente, las decisiones financieras dejan de ser decisiones aisladas y pasan a formar parte de una estrategia.
Preguntas frecuentes sobre gestión patrimonial
¿Cuál es la diferencia entre gestión patrimonial y gestión de inversiones?
La gestión de inversiones se centra principalmente en construir y supervisar una cartera de activos financieros. La gestión patrimonial adopta una visión más global e incorpora elementos como la liquidez, los inmuebles, la empresa, la fiscalidad, los objetivos familiares y la sucesión.
¿Qué incluye una estrategia patrimonial?
Depende de cada persona o familia, pero puede incluir el análisis consolidado del patrimonio, las inversiones, las necesidades de liquidez, los riesgos, la fiscalidad, los activos empresariales e inmobiliarios y la planificación sucesoria.
¿Puedo tener una buena cartera pero una mala estrategia patrimonial?
Sí. Una cartera puede estar correctamente diversificada y adaptada al perfil de riesgo, pero no estar coordinada con el resto del patrimonio, las necesidades de liquidez, la empresa, los inmuebles o los objetivos familiares.
¿Por qué es importante consolidar las inversiones de distintos bancos?
Porque analizar cada entidad por separado puede ocultar duplicidades y concentraciones. Una visión consolidada permite comprender la exposición y el riesgo del conjunto del patrimonio financiero.
¿Qué aporta un asesor patrimonial independiente?
El asesoramiento independiente permite partir de las necesidades, objetivos y estructura patrimonial del cliente sin limitar el análisis a la oferta de una única entidad financiera. El objetivo es construir una estrategia coherente sobre el conjunto del patrimonio.